El tratamiento se desarrolla desde un enfoque integral, individualizado y centrado en la persona, considerando tanto los síntomas actuales como su contexto personal, familiar, social y funcional.
La atención comienza con una evaluación clínica y diagnóstica integral, orientada a comprender el motivo de consulta, antecedentes relevantes, factores predisponentes y precipitantes, recursos personales y posibles comorbilidades. A partir de esta evaluación se establece un plan terapéutico personalizado, definiendo objetivos de tratamiento en conjunto con el paciente.
Según las necesidades de cada persona, el abordaje puede incluir psicoeducación, intervenciones psicoterapéuticas y/o tratamiento farmacológico, procurando una toma de decisiones compartida respecto de las alternativas disponibles, sus objetivos, beneficios y posibles efectos adversos.
El seguimiento se realiza de manera periódica, evaluando la evolución clínica, funcionalidad, respuesta al tratamiento y tolerabilidad, permitiendo realizar ajustes cuando sea necesario.
En población infanto-juvenil, el abordaje incorpora además una perspectiva del desarrollo, considerando el contexto familiar, escolar y social, e integrando a padres o cuidadores cuando resulte pertinente, resguardando progresivamente la autonomía y confidencialidad del paciente de acuerdo con su edad y etapa del desarrollo.
El objetivo final es favorecer no solo la reducción de síntomas, sino también el bienestar emocional, la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida de cada paciente.